Me llamo Frédéric Pelhate, fundador y creador de Sublimr. En el momento en que escribo estas líneas, me acerco a grandes pasos a los 50 años. Naturalmente, han pasado muchas cosas durante todo este tiempo. Historias hermosas, pero también momentos que hubiéramos preferido no vivir... si hubiéramos tenido la opción. Sin embargo, mirándolo más de cerca, son a menudo esas dificultades, por decirlo con suavidad, las que nos han impulsado a superarnos, a tomar plena conciencia de quiénes somos y de lo que realmente queremos hacer con nuestra vida.
Y contribuir a cambiar el mundo, nada menos. Habrás notado que hay una gran cantidad de problemas en este planeta, y que a menudo es difícil, o incluso imposible, soportar todos esos desequilibrios. Y eso es completamente normal... e incluso una buena señal. El pensador indio Jiddu Krishnamurti (1895–1986) ya nos advertía con sus palabras: «No es signo de buena salud estar bien adaptado a una sociedad enferma». A partir de estas observaciones, me parece evidente encarnar los cambios que queremos ver surgir.
Y explorar las formas que tenemos de trabajar juntos y, más ampliamente, de hacer sociedad. Debo admitir que me inspiró profundamente el libro de Frédéric Laloux «Reinventing Organizations: Hacia comunidades de trabajo inspiradas», publicado en 2014, que trata sobre la evolución de los modelos organizacionales. Su metáfora, que compara nuestras formas de organización (empresa, asociación, etc.) con un organismo vivo, resonó de manera increíble con lo que yo había vivido anteriormente. Sesgo de confirmación o no, una segunda evidencia se impuso en mí: continuar mi camino en esa dirección.
Porque el diagnóstico es preocupante y alarmante.
La lista de deficiencias de nuestro sistema es, por desgracia, mucho más extensa que estos pocos puntos. También podríamos hablar de los abusos del sello "Made in France", de las condiciones laborales en algunos talleres de confección, o del impacto de las redes sociales y del marketing en general, que nos empujan al consumismo excesivo... En resumen, el reto es inmenso. Cada uno de nosotros debe ser protagonista del cambio.